Cómo abrir un obrador alimentario: Registro Sanitario, autocontroles y requisitos legales de seguridad alimentaria

Podemos definir un obrador alimentario como un espacio donde se llevan a cabo actividades de elaboración, transformación, preparación, envasado y/o manipulación de alimentos destinados al consumo humano. Es decir, es el lugar físico donde se preparan los alimentos antes de ponerlos a la venta.

Puede formar parte de un negocio más grande, por ejemplo, una panadería con obrador central y varios establecimientos de venta, o bien ser una instalación independiente.

En esta entrada nos centraremos en el segundo caso: los obradores independientes, que actualmente están surgiendo como una alternativa de negocio cada vez más habitual. Los más comunes son los de repostería y pastelería, pero también los hay de croquetas, de menús saludables y de muchos otros productos.

Vamos al grano...

¿Necesitan Registro Sanitario estos obradores alimentarios?

Lo siento, pero no puedo darte una respuesta fácil y directa. Para responder a esta pregunta, primero debemos saber quiénes son vuestros clientes. Sí, lo habéis leído bien: la clave de la cuestión son los clientes.

En líneas generales, salvo algunas excepciones, podemos decir que:

  • Si vuestros clientes son los consumidores finales, no necesitáis Registro Sanitario. En este caso, se os considera establecimientos minoristas y, por lo tanto, debéis daros de alta como tal en el ayuntamiento del municipio donde esté ubicado el obrador.
  • En cambio, si vuestros clientes son empresas alimentarias u otros minoristas, como bares, restaurantes o tiendas, sí que necesitaréis inscribiros en el Registro Sanitario.

¡Pero cuidado!

El hecho de no necesitar Registro Sanitario no os exime de implantar los planes de autocontrol, también llamados planes de prerrequisito y plan APPCC.

Los planes de autocontrol, como su nombre indica, recogen los controles que los operadores alimentarios llevan a cabo internamente a lo largo del proceso productivo para asegurar que los alimentos comercializados son seguros para los consumidores.

Por ejemplo, uno de los controles a realizar es la verificación de la temperatura de conservación de las cámaras frigoríficas.

Estos planes pueden ser más o menos complejos en función del tamaño de la empresa y del riesgo asociado a los productos elaborados. Evidentemente, el riesgo es más elevado en un obrador que elabora sushi que en uno que produce galletas.

Aunque los planes de autocontrol pueden variar en función de la actividad y del riesgo asociado, como mínimo se debería disponer de los siguientes:

  • Plan de control del agua
  • Plan de limpieza y desinfección
  • Plan de control de plagas y otros animales indeseables
  • Plan de formación del personal
  • Plan de control de proveedores
  • Plan de trazabilidad
  • Plan de gestión de alérgenos y de la información facilitada al consumidor

Cada uno de estos planes tiene como objetivo controlar diferentes peligros y garantizar la seguridad de los alimentos.

¿Quieres saber más?

¿Te gustaría que dedicara una próxima entrada a explicar cada uno de estos planes de autocontrol?

¿Todavía tienes dudas sobre si necesitas o no Registro Sanitario? Escríbeme sin compromiso y estaré encantada de ayudarte.